Si usás chatGPT, Gemini, Grok o cualquier otro LLM para “pensar”, tengo una mala noticia: es muy posible que te estén manipulando. No por maldad, sino por diseño. Están entrenadas para ser el asistente perfecto, ese que nunca te dice que no, que siempre tiene una sugerencia más y que jamás te va a decir: “Bueno, basta de dar vueltas y ponete a laburar”.
El resultado es la procrastinación. Te sentís productivo porque el chat está echando humo, pero tu proyecto sigue en el mismo lugar que hace tres horas, sino días o semanas.
El benchmark de las IA (o por qué no te podés fiar)
No es una sensación tuya. El BullshitBench v2 de Peter Gostev lo demuestra con datos: ante preguntas absurdas o premisas falsas, la mayoría de los modelos (OpenAI, Google, Meta) eligen “seguir la corriente” en lugar de corregirte. Te dan respuestas coherentes sobre bases inexistentes.
- ChatGPT es el peor: si le pedís que analice una variable estúpida, lo va a hacer con una sonrisa digital.
- Claude es de los pocos que se planta. Es el único que suele decirte: “Esto no tiene sentido, revisá tu premisa”.
Esa falta de fricción es la que te mete en el bucle. Como la IA no te frena, vos seguís preguntando. Y como seguís preguntando, terminás analizando 40 variantes de algo que ni siquiera debería existir.
La trampa del “Dame feedback”
Uno de los consejos más comunes que veo en los nuevos gurúes de la IA (y hay muchos) es: “Pedile a la IA que critique tu idea”. Mi contra consejo: No lo hagas. Grave error si sos un procrastinador nato. ¡La IA siempre va a encontrar algo que mejorar! Siempre. Si le pedís una crítica, te va a dar una lista de 5 puntos nuevos. Vos, para sentir que sos “detallista”, vas a intentar resolver esos 5 puntos. Y cuando termines, le vas a pedir feedback otra vez.
Felicidades: acabas de construir un motor de parálisis infinita. El “análisis por parálisis” no es pensar mucho, es tener miedo a ejecutar y usar a la IA como escudo.
Cómo hackear el sistema (y a vos mismo)
Si querés que la IA te sirva para producir y no para chatear, tenés que cambiar las reglas de la conversación desde el prompt. No te preocupes. No es un curso de prompt engineering. Estos puntos que te menciono aquí debajo, son suficientes para dejar de procrastinar con la IA:
- Matá la pregunta final: Dejá de ser el esclavo de sus preguntas. Agregá esto a tus instrucciones: “No me hagas ninguna pregunta al final de tus respuestas. Limitate a entregar el output y cortá ahí”. Si necesitás algo más, ya sabés dónde está el teclado. Esto ayudará a que pienses por tu cuenta.
- Cerrá los bucles: La IA detecta perfectamente cuando estás dando vueltas en círculos preguntando lo mismo. Configurala para que te avise: “Si detectás que estoy preguntando algo que ya respondiste o que estoy entrando en un bucle de detalles irrelevantes, frename y avisame que estoy perdiendo el tiempo”.
- Buscá el entregable: En lugar de pedirle tu opinión o conversar con la IA, dale una orden cerrada y que te haga un entregable claro. Tenés que lograr que sea funcional, no conversacional. Escribile algo estilo “Entregable: Enviame únicamente el texto y cinco puntos destacados.”
Menos charla, más ejecución
El mundo está lleno de gente con hilos de chat de 5 kilómetros de largo y carpetas de proyectos vacías. Si hablamos de productividad, la IA es una herramienta de salida (output), no de recreo mental.
Si después de tres interacciones no tenés algo que puedas copiar, pegar y publicar (o mandar), cerrá la pestaña. Estás usando un procesador de lenguaje para evitar procesar tu propia realidad: que lo que te falta no es información, es el coraje de terminar las cosas.
Evitá el Parálisis por análisis de la IA. Buscá resultados, no chatear.

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